Cinchi y el edificio de barro

 

Chimbote en Línea (Periodismo Escolar).-Hola soy un indio, descendiente del pueblo yunga Sechín, un lindo lugar que se encuentra en la parte baja del valle de Casma.

Y quiero contarte por qué ejerció un gran dominio sobre este hermoso valle.
Cuando nací, cuenta mi abuela que se arrodilló, inclinó su cabeza y levantó sus manos agradeciendo al  dios protector, el Apu, por haber nacido varón, dándome el  nombre de Cinchi. Fui creciendo como todo niño varoncito del valle, desnudo y  jugando en las faldas del  cerro Laguna.

Una noche, el sacerdote del pueblo andino Yunga, reunió a todos los habitantes y pidió erigir un templo para que nuestros dioses tengan un lugar donde estar y nosotros presentar nuestras ofrendas.

El trabajo deberíamos realizarlo todos, tanto mujeres como varones; las mujeres recoger vegetales, conchas, pinturas y los varones traer troncos, piedras y trabajar el barro. Al amanecer empezamos a salir en  grupos pequeños en busca de los materiales. Como yo estaba creciendo y muy impetuoso ayudaba, me quedaba admirado de la fuerza del hombre yunga.

Los albañiles andinos adultos, nos enseñaban a los más jóvenes a elaborar los morteros de barro, usando tierra y agua para luego preparar y colocar los adobes. Yo era torpe, pero poco a poco iba aprendiendo.

Llegué a casa y vi a mi abuela sentada bajo el algarrobo y corría a contarle lo que aprendía y le decía- cuando cumpla  quince quiero ser un guerrero que proteja a mi comunidad con la bendición de los dioses-, ella al escucharme agrandando los ojos me dijo: no por gusto te di el nombre de Cinchi, porque llevas en la sangre la fuerza, valentía y bravura del indio yunga.

Sonriente y cansado me quedé escuchando sobre el hombro de mi anciana abuela, bajo la sombra y frescor del árbol. Amaneció y me había quedado dormido y no pude ir a continuar con el trabajo, pero; pude ver a lo lejos como habían levantado muros de adobe, así que, sin pedir permiso, corrí y llegué y cogí unos troncos para poder acercarme.

Grande fue mi sorpresa, habían construido escalones de adobe  y muros que iba tomando forma de pirámide y realizaban  los enlucidos donde se agregaba arena, roca y conchas molidas, vegetales y pintura .

Todo los días era esa labor, excepto, los que el sacerdote señalaba para las ceremonias de culto y en la que los niños pasaban a la etapa de jóvenes donde se presentaban con taparrabos, descalzos y cabeza calva como señal de pureza y convertirse en guerreros. Claro está, que yo esperaba que llegara mi tiempo para convertirme en un valiente yunga Sechín.

La construcción de barro, estaba ya por culminar y vi como dos adultos andinos ingresaron a un recinto, los seguí ¡Oh, maravilla! Para mis ojos, los encontré dibujando dos enormes felinos, en ambos lados de la entrada sagrada del templo, eran pumas, me senté y quedé atónito al ver como los pintaban; de color negro, su cuerpo, patas y dedos; las palmas de las patas de color rojo y las uñas de color blanco y las paredes de color celeste, el lugar sagrado donde sería la morada de las divinidades.

En este lugar se expone la arquitectura monumental andina, más antigua de América con más 5 500 años hasta hoy y si algún día quieres visitar el valle de Sechín lo encontrarás al pie del cerro Laguna en el distrito y provincia de Casma y al contemplar el edificio de barro, recordarás a Cinchi, el pequeño  indio valiente que anhelaba en convertirse en valeroso guerrero y admirador del arte mural de su templo.

Producción literaria de Susy Cabrejos Cabrejos, profesora de Comunicación de la I.E.P. San José, inspirado en hechos  históricos de Sechín, en la época de barro.

Alumna :  Camila Coronel Martínez
Grado   :  2° B – Secundaria
I.E.P.    :  San José
Asesora: Susy Yovanna Cabrejos Cabrejos

 

 

 

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