Obispo de Chimbote llama al compromiso en la fiesta del Señor de los Milagros

(Por: Mons. Angel Francisco Simón Piorno) Uno de los momentos de más densidad religiosa en el Perú es el mes de octubre, cuando todo el país se congrega en torno al Señor de los Milagros. No solo Lima, sino cualquier rincón de la patria, contempla lleno de fe y de fervor la figura del Cristo Morado. En octubre, Él es el confidente de los peruanos. Todos le abrimos el corazón para expresarle las angustias, las tristezas, las alegrías y esperanzas.

Desde hace varios años, los obispos del Perú han establecido que octubre sea vivido como Cuaresma, como mes penitencial. En estos días, la luz de Cristo nos urge de mil maneras a voltear la página de nuestra inmoralidad.

Somos conscientes que la corrupción, el sicariato, la extorsión y otros males, que han contaminado de tal forma el ambiente, que el aire que respiramos está cargado de desilusión y desesperanza. Muchas veces me pregunto: ¿Chimbote está condenado a vivir en medio del fango? ¿No hay redención para este puerto? ¿La coyuntura social y política nos va a amilanar a todos?.

Octubre nos invita a revisar nuestra agenda. Dios nos quiere felices. Si bien es cierto que la tentación nos asedia, es el momento para iniciar un nuevo camino que va desde la indiferencia al compromiso, desde la insensibilidad a la compasión, desde la carne al espíritu, como nos aconseja San Pablo.

Para animarnos Dios nos ha dado un motivo de mucha alegría: la beatificación de los sacerdotes martirizados en 1991. Ellos nos hablan de una fidelidad hasta el límite de la entrega de la propia vida. En ellos tenemos un modelo de discipulado, que es capaz de compartir con Jesucristo su destino que lo lleva al patíbulo de la cruz.

Si bien Jesús había dicho cuando el Hijo del hombre sea levantado sobre la tierra, atraerá a todos hacia mí. Durante estos días, envueltos como estamos en tinieblas, tendremos la oportunidad de verificar que las palabras proféticas de Jesús se cumplen a cabalidad en el Perú y en Chimbote. Pidamos fervientemente al Señor que realice el milagro de la renovación moral de los hombres y de las mujeres de nuestra Diócesis.

Fuente: Obispado de Chimbote

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