Dio todo lo que poseía: Jesús nos invita a ser generosos

Chimbote en Línea (Por: Fr. Héctor Herrera OP) Matilde era una pobre viuda. Había formado dos generaciones. Compartía lo poco que tenía. Y ningún pobre se quedaba sin comer. De esta generosidad en dar y servir con amor, nos habla el evangelio de Mc 12,38-44. Los letrados y maestros de la ley les gustaba recibir honores.

Hoy en día también se da esta situación de figurar, ser reverenciados. Jesús critica la hipocresía de quienes les gusta recibir honores y ocupar los primeros puestos, porque detrás de esa búsqueda de sí mismos “devoran los bienes de las viudas” (v. 40). Jesús observa a quienes se acercan a las alcancías del templo. “Muchos ricos daban en abundancia”. Es de lo que acumulaban y no compartían los bienes en justicia con los necesitados. Y hoy nos llama la atención sobre una pobre viuda que echa dos monedas de muy poco valor (v. 49). Llama a sus discípulos y nos dice: “Les aseguro que esa pobre viuda ha dado más que todos los otros” (v. 50). Nos enseña que ella ha dado todo lo que tenía para vivir. La viuda representa la imagen del pobre cercano y generoso que da por amor y sirve con amor.

Jesús nos enseña a redescubrir en el rostro del pobre y desvalido la generosidad profunda con que tenemos que actuar no para ser vistos, sino servir con amor, desde la sencillez del corazón. Y cambia el sentido de la limosna por el de la solidaridad.

Es lo que descubrimos en la primera lectura 1 Re 17,10-16, el profeta Elías se dirige a Sarepta y le pide a una viuda un poco de pan y agua, lo único que tenía para ella y su hijo. Y ella que temía morir, se solidariza con el profeta, quien le dice: “El cántaro de harina no se vaciará, la aceitera de aceite no  se agotará, hasta el día en que el Señor envíe la lluvia sobre la tierra” (1 Re. 17,16)

Los pobres siempre ponen su confianza en Dios, porque saben que él no nos abandona. El verdadero amor a Dios y al prójimo está en la generosidad, bondad, acoger al otro con sencillez y humildad que nos lleva a descubrir el valor de la solidaridad.

¡Cuánto ejemplo nos dan algunos pobres que con generosidad toman la iniciativa, cuando alguien está enfermo, apoyando a los huérfanos, haciendo una actividad, para compartir con los más necesitados, porque en el fondo de su corazón los mueve el verdadero culto al Dios de la vida y de la verdad! Porque “quien siembra con generosidad, cosecha generosa tendrá” (2 Cor. 9,6)

El Papa Francisco nos dice: “La pobre viuda tiene poco, pero da todo lo que tiene. Dios no pide poco o mucho del hombre, sino pide a todo el hombre. Cada ofrenda debe ser signo de la entrega del corazón y del Espíritu, signo de la entrega total del hombre”. Si confiamos en Dios y somos generosos, como nos recuerda el apóstol Pablo: “Dios que aprovisiona la semilla al sembrador y el pan para comer, proveerá y multiplicará la semilla de ustedes y les hará crecer la cosecha de su limosna” (2 Cor 9,10).

DOMINGO 32 T.O. B. D. 08.11.2015. MC. 12,38-44

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