El Padre Misericordioso

Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera) Frente a las críticas que le hacen los fariseos, que come con pecadores y que no entra en los cálculos de los piadosos, Jesús nos responde con una de las más bellas páginas del evangelio de Lc. 15, 1-3.11-32. Nos presenta su experiencia de Dios como Padre misericordioso y lleno de ternura que acepta tanto al hijo mayor (Israel)  como al menor(los paganos).

El evangelio de hoy, nos presenta al Padre misericordioso que quiere la libertad de sus hijos, porque quiere vernos crecer. Por eso deja partir al hijo menor. Este se marcha de la casa paterna, despilfarra todo lo que tenía. Pero tiene la valentía de reconocer sus errores (v.18) y toma conciencia del retorno a la casa de su Padre, donde es bien acogido (vv.22-24).

Porque Dios nos da la oportunidad de volver a recuperar nuestra dignidad como personas para hacernos nuevos en nuestro corazón y en nuestras actitudes.

“Su mirada es una mirada eterna, una mirada que alcanza a toda la humanidad. Es una mirada que comprende el extravío de las mujeres y de los hombres de todos los tiempos y lugares, que conoce con inmensa compasión el sufrimiento de aquellos que han elegido marcharse de casa, que han llorado mares de lágrimas al verse atrapados por la angustia y la agonía. El corazón del padre arde con un deseo inmenso de llevar a sus hijos a casa” (El regreso del Hijo HENRI J. M. NOUWEN).

Los signos del amor del Padre: vestido nuevo, volver a la vida, alegría que nos ofrece un banquete para enseñarnos a compartir la mesa con todos, sin excluir a nadie. Porque la comida es signo de la expresión del amor universal de Dios. La comida nos reconcilia une, alegra y nos hace participar a todos.

El hijo mayor se siente celoso, endurece su corazón porque su actitud es excluyente y de desprecio a su Padre. Ha cumplido todo el legalismo. No ha desobedecido. Reprocha la actitud del hermano menor y no comprende la actitud del Padre. Igual nos puede suceder a nosotros cuando excluimos de la mesa a las personas sea por su condición social, pobreza, sexo, manera de pensar, religión.  Porque no vemos la gratuidad del amor de Dios.

Jesús quiere enseñarnos a madurar como personas libres y responsables. Porque llevamos en nuestro interior la figura del hijo mayor y menor. Él quiere que descubramos la figura y la experiencia del Padre misericordioso que quiere lo mejor para sus hijos, as para identificarnos como hermanos.

Es tan urgente, hoy descubrir la experiencia de Dios amor, que acoge, se alegra cuando vuelves de la muerte a la vida, cuando perdemos el sentido de la vida y volvemos a los brazos del Padre, que nos lleva a superar todas las rencillas fraternas y a sentir con una mirada nueva que ese Dios está dentro de nosotros, cuando amamos y perdonamos. Porque sólo perdona el que ama.

Sólo el que siente la experiencia del amor profundo de Dios puede decir al hermano yo te amo y te perdono, porque Dios es nuestro Padre, que nunca nos abandona. Porque él nos enseña que tenemos que construir una historia de amor y de reconciliación: a todos nos da oportunidades para crecer, para madurar. Porque en la medida en que corrijamos nuestra vida creceremos en el amor a Dios y en el amor y respeto por nuestro prójimo.

Como nos recuerda San Pablo “El que es de Cristo es una criatura nueva. Lo antiguo ha pasado, lo nuevo ha comenzado” (2 Cor. 5,17)
CUARTO DOMINGO DE CUARESMA. CICLO C. 06.03.2016 Lc. 15,1-3.11-32
 

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