Los hizo uno solo: el matrimonio

Chimbote en Línea (Por: fray Héctor Herrera OP) El amor crece y se comparte como pareja a través del diálogo y del respeto mutuo para lograr la felicidad. De esta unidad y amor nos habla Jesús en el evangelio de Mc. 10,2-16.

Los fariseos lo buscan para ponerlo a prueba. Le plantean el divorcio. Se refieren al Dt. 24,1. ¿Es lícito a un hombre separase de su mujer? (v.2). Jesús los remite a la ley de Moisés. Siendo hombres duros de corazón, despreciaban a la mujer, al niño y a los pobres. Jesús nos enseña a superar todo tipo de legalismo. Él ha venido para perfeccionar la ley del amor y la fidelidad.

El matrimonio no se reduce a un contrato. Jesús nos remite al origen de la creación: “Al principio, Dios los hizo varón y mujer, y por eso abandonará el varón a su padre y a su madre y se une a su mujer y los dos son una sola carne” (vv. 6-8).

Él nos enseña la misma dignidad que tiene la mujer y el varón. Indica comunión, entrega mutua, amor que crece y que crea una nueva relación con los hijos, as. Él nos ofrece una nueva posibilidad de volver a los orígenes, Dios nos crea por amor y para amar. Este amor creativo, crece y madura, cuando es dialogante, cuando el uno y el otro saben escucharse, decirse. El Papa Francisco nos recuerda: “El amor se manifiesta en pequeñas cosas, en la atención mínima a lo cotidiano que hace que la vida siempre tenga sabor a hogar. La fe crece con la práctica y es plasmada por el amor. Por eso, nuestras familias, nuestros hogares, son verdaderas Iglesias domésticas. Es el lugar propio donde la fe se hace vida y la vida crece en la fe”. (Homilía en Filadelfia 27.9.15)

Cuando los esposos hacen de su familia una escuela de amor, confianza, respeto. Cuando ambos se ponen de acuerdo en la educación y formación de los hijos. Por eso Jesús frente al rechazo de sus discípulos frente a los niños (v. 13), nos dice: “Dejen que los niños se acerquen a mí. Porque el reino de Dios pertenece a los que son como ellos” (v. 13). ¡Cuánto amor, ternura y respeto tenemos que tener por los niños! Y son los padres los primeros educadores de la fe. Los primeros que le descubren a Jesús en sus vidas, quienes los van educando en el conocimiento de la Palabra de Dios. Y a celebrar la fiesta de la eucaristía con alegría. Son los educadores de valores. ¿Por qué, donde aprende un niño, a amar, su dignidad, sus derechos y deberes como persona? Es en el hogar. “Sin familia, sin el calor del hogar, la vida se vuelve vacía, comienzan a faltar las redes que nos sostienen en la adversidad, las redes que nos alimentan en la cotidianidad y motivan la lucha para la prosperidad. La familia nos salva de dos fenómenos actuales, dos cosas que suceden hoy día: la fragmentación, es decir, la división, y la masificación. (Homilía. Santiago de Cuba 22.9.15.)

Jesús nos descubre en la sencillez a acoger el reino de Dios, a convertirnos y creer en el Evangelio de la vida. El proyecto de Dios es el amor que implica igualdad en derechos, dignidad y obligaciones. El amor no es una relación de dominio del uno sobre el otro. Es capacidad de recrear ese amor con constancia, madurez  y responsabilidad. Y esa unidad profunda que nos habla Gn 2,18-24), se refiere a construir relaciones de igualdad y complementariedad no sólo biológica, sino afectiva, sicológica, espiritual, social. Esto es posible cuando ese amor se construye en amistad con Jesús, que es la luz que ilumina el caminar de nuestra familia. Cuando vivimos bien en la familia, los egoísmos se quedan chiquitos” (Papa Francisco)

DOMINGO 27. B. D. 04.10.2015  MC. 10,2-16

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