Invita más bien a los pobres

Chimbote en Línea.- (Por: P. Giovanni Sabogal) “Invita más bien a los pobres” (Lc 14, 13) es el consejo de Jesús para los fariseos y para cada uno de nosotros. Invitar a los demás es una actitud de bondad, de gratitud, estima y de fraternidad, donde todos debemos estar disponibles en compartir la comida, como lo hicieron con Jesús, cuando le invitaron a comer (Lc 14, 7-14). Las comidas en el tiempo de Jesús ocupan un lugar importante en la tradición judía. Comer con otras personas fue para Cristo una oportunidad y un privilegio de dar a conocer el proyecto de Dios, el Reino del Creador, de la Santísima Trinidad.

Cuando leemos y escudriñamos los evangelios percibimos que las comidas es el lugar oportuno para el Hijo del Hombre de llevar la Buena Noticia, el mensaje de amor, de generosidad, de perdón; es una estrategia para poder compartir su humanidad y el Reino de Dios.

Los evangelios nos hablan del compartir de la comida en muchos pasajes bíblicos, por ejemplo: en el evangelio de Marcos contemplamos como Jesús se sienta en la mesa con un grupo de recaudadores de impuestos en casa de Leví (Mc 2, 14-17); en Lucas, El Verbo hecho carne, acepta con bondad la hospitalidad de Zaqueo y, en otro pasaje, vemos como Simón el fariseo invita al Redentor (Lc 7). El Cristo les aconseja a sus discípulos, y a nosotros, a recibir lo que les den (Lc 10,7)

Jesús comparte la comida con todos, con los publicanos y pecadores (Mc 2,16), con los buenos y malos, con el pobre y con el rico. Compartir la mesa es fundamental para el Mesías; Él mismo se hace comida de Salvación, se hace alimento de vida eterna, él es el manjar del cielo. Si queremos vivir, debemos alimentarnos de él siempre con la Eucaristía y su Palabra (Jn 6, 35 -56; Lc 22, 19 y 1 Corintios 10,16).

El Salvador nos invita a compartir con todos, pero nos da un sabio consejo: “Cuando des un banquete, invita más bien a los pobres, a los inválidos, a los cojos y a los ciegos. ¡Qué suerte para ti, si ellos no pueden compensarte! Pues tu recompensa la recibirás en la resurrección de los justos” (Lc 14,13-14). Compartamos siempre los alimentos, especialmente con los más necesitados, con las personas que no nos van a poder devolvernos para así recibir la recompensa celestial.

Que nuestra vida sea un eterno compartir, de una manera especial, con las personas necesitadas del amor de Dios. Compartamos nuestra mesa, como Jesús nos invita. Hagamos y mostremos la Misericordia de Dios (obras de misericordia: corporal y espiritual) con todos, de una manera preferencial con los pobres. Tengamos presente siempre las palabras de San Pablo: “Cada uno dé según lo que decidió personalmente, y no de mala gana o a la fuerza, pues Dios ama al que da con corazón alegre” (2 Cor 9,7).  (Publicado en Mar Adentro, setiembre 2016)

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