Signos y constructores de la paz

Chimbote en Línea (Cuestión de fe - Por: P. Juan Roger Rodríguez Ruíz* Al mirar nuestra vida y la del prójimo comprendemos que hemos sido creados para vivir en paz, para ser artesanos y constructores de la paz, aquella que brota del corazón que sabe amar y perdonar. 

Hoy que vivimos un tanto atareados y dispersos en las novedades y tendencias del mundo conviene hacer un alto en la vida y reflexionar sobre la paz. En primer lugar sobre la paz en nuestro corazón, en la familia, en la sociedad y en el mundo.

El Papa Francisco nos recuerda que la «La fe es una fuerza poderosa capaz de hacer que el mundo sea más justo y más bello», es decir estamos invitados a ser «una presencia de la misericordia de Dios y a testimoniar al mundo que las tribulaciones, las pruebas, las dificultades, la violencia y el mal no podrán derrotar nunca a Aquel que derrotó la muerte: Jesucristo». Busquemos la paz interior, esa es nuestra auténtica riqueza, porque allí habita Dios.

Como cristianos confiamos que la fuerza de la oración toque el corazón de los responsables de dirigir los destinos de los pueblos, parra que respetando la dignidad humana y el derecho internacional agoten todos los medios a fin de encontrar soluciones pacificas.

Ciertamente el diálogo es el medio mas eficaz y fructífero, como nos recuerda el reciente elegido Secretario de Estado: “El camino del diálogo puede ser largo, y no dar resultados a corto plazo. Pero se debe mantener el diálogo con claridad, paciencia y confianza recíproca”.

Frente a esta situación surge como necesidad imperiosas proponer y promover una pedagogía de la paz. Ésta pide una rica vida interior, claros y válidos referentes morales, actitudes y estilos de vida apropiados. Estas iniciativas por la paz contribuyen al bien común y crean interés por la paz y educan para ella. Pensamientos, palabras y gestos de paz crean una mentalidad y una cultura de la paz, una atmósfera de respeto, honestidad y cordialidad. De ahí la necesidad de enseñar en la familia, la escuela y la universidad, a amarse y educarse en y para la paz, y a vivir con benevolencia, más que con simple tolerancia. Es fundamental que se cree el convencimiento de que «hay que decir no a la venganza, hay que reconocer las propias culpas, aceptar las disculpas sin exigirlas y perdonar ».

La Iglesia nos enseña que la paz no es la mera ausencia de la guerra, ni se reduce al solo equilibrio de las fuerzas adversarias, ni surge de una hegemonía despótica, sino que con toda exactitud y propiedad se llama obra de la justicia (Is 32, 7).

Sin embargo la paz no se puede lograr si no se asegura el bien de las personas y la comunicación entre los hombres de sus riquezas de orden intelectual y espiritual. Surge entonces la necesidad de respetar a los hombres y pueblos en orden a construir la paz. La paz es también fruto del amor, el cual sobrepasa todo lo que la justicia puede realizar. (* Rector de la Catedral Nuestra Señora del Carmen y San Pedro Apóstol - Chimbote / Tomado de www.catedraldechimbote.org)

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