El “José Gálvez F.C.” como factor de identidad chimbotano

(Por Germán Torres Cobián).- A pesar de que los Estados Unidos establecieron su independencia de la metrópoli  inglesa  en 1776, fue recién durante la Primera Guerra Mundial  (1914-1918) cuando este país pudo concebir su idea de nación, su identidad  estadounidense. Quien haya seguido el proceso histórico de la patria de Abraham Lincoln, podrá comprobar que la avalancha migratoria que se produjo hacia  el norte de América (a partir de la épica llegada del “Mayflower” hasta principios del siglo XX), hacía imposible que las diversas etnias y culturas asentadas en territorio yanqui cristalizaran en aquello que llamamos una nación con su propia y particular identidad.
 
(Foto Internet)

Es difícil pensar que un acontecimiento tan sangriento como  la Primera Guerra Mundial haya tenido que ser el acicate para la cohesión del espíritu nacional y la identidad  de los norteamericanos. Y así ha sucedido en muchos países. Los habitantes de la Unión Soviética tuvieron conciencia de sí mismos y de su lugar en el mundo después de la Segunda Guerra Mundial, a la que llamaron La Gran Guerra Patria. España fue estableciendo su identidad ibérica en la guerra contra los moros y en la lucha por su independencia de la invasión napoleónica. No deja de ser tremendo que  la identidad de algunas  naciones  haya tenido que forjarse, en este caso, mediante  la catástrofe que supone una contienda bélica.

Sin embargo, no sólo se fragua la conciencia de pertenecer a una nación, a un pueblo, mediante sucesos cruentos. El deporte también puede ser un gran  catalizador para hacer brotar en el espíritu de la persona  la  noción que tiene de sí misma y de pertenecer a la ciudad o el país donde habita.

En las competiciones deportivas olímpicas, mundiales, continentales o regionales se puede distinguir a  diversos grupos de personas como pertenecientes a una determinada comunidad, o país. Y toda la parafernalia que les acompaña está dedicada a apoyar al equipo con los cuales  se sienten  identificados, que generalmente es el de los respectivos terruños del que proceden. En este orden de ideas, los distintos deportes que se practican en Chimbote pueden constituir factores importantes en el proceso de galvanización de nuestra identidad, en una ciudad caracterizada precisamente por la multiplicidad de sus razas  y  su mosaico cultural. Mejor dicho, no para crear una identidad para los porteños (porque las identidades no se crean de la noche a la mañana),  sino como  uno de los elementos que necesita nuestra comunidad para lograr la afinidad espiritual que necesitamos y  considerar que esta ciudad es la nuestra y debemos cuidarla y mimarla.

En el caso específico del “José Gálvez F.C.”, su actuación en los campos de fútbol pueden  ser los aglutinantes que necesitan muchos  porteños para sentir ese “orgullo de ser chimbotanos” del que nos habló el Padre Juanito en  un diario local. Cuántas veces,  en los años pasados (cuando el “Gálvez”  estaba  en racha ganadora y la hinchada abarrotaba el “Centenario”), oí decir en las combis o en los colectivos, a muchos  foráneos asentados en Chimbote: “Voy a ver a mi Gálvez”,  “mi Gálvez tiene que ganar otra vez”, “Chimbote para todo el mundo”.

Es decir, sin ser del puerto, estos forasteros se sentían chimbotanos porque había un aliciente (peregrino o baladí si se quiere) para serlo: las victorias del “equipo del pueblo”. Por eso, los últimos triunfos del “ José Gálvez F.C.” nos hacen abrigar la esperanza de que estamos ante el conjunto de fútbol que la afición porteña y el ciudadano viandante   necesitan para hacer aflorar su alegría, su emoción, su impresión, es decir, para  manifestar  los sentimientos elementales que los lleve a identificarse con nuestro puerto. Sólo esperamos que la dirigencia del club esté a la altura de las circunstancias y no cometa los mismos errores de otras directivas que condujeron al “Gálvez” a Segunda División.